Mejor, hablemos del tiempo

porque como me tires de la lengua…

Bohemian Rhapsody

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Durante mucho tiempo Bohemian Rhapsody de Queen [goEar] [Spotify] me parecía una canción rara, con trozos que me gustaban y partes que se daban de leches entre sí. Ahora me lo sigue pareciendo, pero me encanta. Imagino que el punto de inflexión fue cuando estuve el verano de 2009 en Londres y fui a ver el musical de We Will Rock You (porque verlo en España para que me traduzcan las canciones “lo quiero tó, lo quiero tó”, como que no).

We Will Rock You

We Will Rock You

La trama del musical es una castaña muy grande, y hay unas cuantas gracias y referencias que te pierdes (aunque me sigo partiendo con Scary Bush o con que Britney Spears muriera para salvar la música), pero estar ahí rodeado de gente cantando las canciones de Queen consigue emocionarte de verdad. Durante toda la obra van haciendo referencias y menciones a Bohemian Rhapsody, haciendo que el público espere constantemente que sea la siguiente canción – pero nunca lo es. De hecho, el musical acaba sin que la canten. Y es después de los aplausos cuando proyectan en letras enormes un “¿Queréis que cantemos Bohemian Rhapsody ?” y la gente grita un “Síii”, y se entra en la mecánica del “¡Pues tendréis que gritarlo más alto¡” y la gente ruge y cuando por fin los ánimos están bien exaltados, entonces salen y cantan y el público acompaña, y la canción se aprecia y disfruta como nunca: [Spotify]. (Por cierto, me encanta el vozarrón de la mala).
 

Y es que Bohemian Rhapsody marcó un hito en la historia de la música en 1975. Dada su extraña estructura (¡sin estribillo, ignominioso para la época!) y su larga duración (5:55), los productores dijeron que jamás tendría éxito. Pero Queen consiguió que sonara por la radio, y la canción se convirtió en número 1 durante 9 semanas seguidas. Fue el single más caro de la historia, y el que consiguió asentar para siempre los videos musicales. Los intentos de explicar el sentido de la canción son múltiples y variopintos, y sin duda merece la pena echarle un vistazo a su análisis. Aunque quizás lo más impresionante es el despliegue de ingenio que tuvieron que utilizar para superar algunas de las limitaciones técnicas de la época. Así, en la sección de “ópera”, para crear el muro de sonido que comprende desde los bajos de Brian May a los agudos de Roger Taylor en los “coros”, los vocalistas estuvieron tres semanas grabándose entre 10 y 12 horas diarias hasta conseguir una superposición de 180 niveles. Ni que decir tiene que todo este proceso les impidió después tocar la canción entera en directo, teniendo que llegar hasta a reproducir partes desde una cinta…

Como toda obra famosa, la canción más emblemática de Queen cuenta con un sinfín de versiones. Empiezo por un tremendo vídeo de Los Teleñecos, donde, además del genial chiste con el que cierran, destacan especialmente los agudos de Beaker:

 
Sin embargo, mi versión favorita hasta el momento es un directo (en Berlín) de The Ten Tenors [Spotify], en el que se marcan un homenaje glorioso a ABBA en el minuto 3:46 cuando empieza el “Mamma mia let me go” y ellos meten un par de estrofas de Mamma mia [goEar] [Spotify], que rematan con un “I could never let you go” original de los suecos. Sublime. A ver si en esta línea alguien se atreve a meterle mano al final de la canción con el “Nothing really matters, love is all we need” de Madonna…

Para acabar, decir que aunque no todas las versiones son buenas, siempre las hay que aportan un nuevo punto de vista, como es la de -atención- Rhythms del Mundo featuring Augusto Enríquez: [Spotify]. Ahí es nada.

Arte aparte: tiros, pelusas y cubos de Rubik

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El problema del arte, es que todo es arte. En su segunda acepción:

    Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Pero como tal, a veces se pueden encontrar algunas cosas de lo más excepcional:

Creatividad disparada

Deweaponizing the Gun, Walton Creel Deweaponizing the Gun, Walton Creel

Deweaponizing the Gun, Walton Creel

 
No se trata de imágenes hechas en una impresora matricial, o con caracteres Braille, ni con fragmentos de ralladores – aunque esto último se le empieza a aproximar: son planchas de aluminio agujereadas a balazos. Pulsando en las imágenes se ve una versión algo más grande donde se aprecian los tiros. Forman parte de la exposición Deweaponizing the Gun, de un artista de Alabama (EE.UU., dónde si no) llamado Walton Creel. En sus propias palabras:

During my first experiment I came across the concept of creating an image hole by hole on a surface. I also figured out that canvas would be too stressed by the process of a rifle firing many bullets into it. I moved on to aluminum and, with further experimentation, I figured out exactly how far apart my shots needed to be and that moving beyond .22 caliber was simply too destructive. When the aluminum was painted beforehand, the blast of the gun knocked off a tiny amount of paint around each hole, which helped fuse the image together.

Dispararte Walton Creel en acción

Dispararte, Walton Creel en acción

 
 
… y en polvo te convertirás

Being and Nothingness, Paul Hazelton

Being and Nothingness, Paul Hazelton

 
Paul Hazelton es un artista británico al que he descubierto por sus peculiares esculturas hechas a base de pelusas – que al parecer pide a sus amigos para tener en cantidad suficiente. ¡Y yo barriendo la habitación todos los meses! Aunque a veces también incluye otros materiales, como algodón y esqueletos de insectos… La técnica consiste en humedecer el polvo de los muebles (nunca de la aspiradora o el suelo, ya que está demasiado sucio), moldearlo y secarlo – ¡y pueden conseguirse esculturas de más de medio metro de altura!

Moth-er, Paul Hazelton A bug, Paul Hazelton

Moth-er y A bug, Paul Hazelton


Si las pelusas dominaran el mundo, Paul Hazelton

Si las pelusas dominaran el mundo, Paul Hazelton

 
No tiene una página propia, pero he encontrado una galería con otros proyectos suyos, algunos muy originales, como el retrato de Samuel Beckett hecho con las sobras del recorte de un retrato del escritor, y otros muy inquietantes:

Sac, Paul Hazelton Bzzz, Paul Hazelton

Sac y Bzzz, Paul Hazelton

 
 
El verdadero cubismo

Rubick's Basic, by Jacob Davenport Rubik Kubrick (Clockwork orange), by Invader

Rubick's Basic, by Jacob Davenport
y Rubik Kubrick (Clockwork orange), by Invader

 
Al parecer hay mucha gente haciendo esto (sí, más de tres personas en el mundo haciendo esta locura me parece mucha gente). Puede ser que todo empezara con Jacob Davenport, aunque no lo tengo claro. En su blog aparecen diseños simples hechos con cubos de Rubik en 1996 (y por lo tanto las fotos son analógicas, que son cosas que a día de hoy ya se nos olvidan) y que van complicándose con los años, quizás no tanto en número de cubos como en creatividad, como la imagen que muestra el mismo texto en ambas caras – con alguna que otra complejidad añadida.

Por otro lado tenemos a Invader, que en 2004 empieza con diseños sencillos de invasores con cubos de Rubik (tanto dibujados como construidos). Continúa el trabajo con otros personajes de videojuego, y finalmente se lanza a representar imágenes famosas que originariamente constan de más de 6 colores, haciendo composiciones más grandes que vistas de lejos (o en pequeñito) son inconfundibles:

Mona Lisa Frankenstein Bonny & Clyde Warhol's Soup La naranja mecánica El Resplandior 11S

Invader's Rubik: Mona Lisa, Frankenstein, Bonny & Clyde, Sopa Campbell, La naranja mecánica, El Resplandior, 11S

(Pulsar para ver la composición de cubos)

 
Además, se nota la progresión de píxeles:

Mona Lisa, Invader

Mona Lisa, Invader

El Resplandior, Invader

El Resplandior, Invader

Sopas Campbell, Invader

Sopas Campbell, Invader

 
Sin embargo, la mayor obra representada hasta la fecha de esta manera (está en el Guinness) se trata de La última cena de Leonardo da Vinci, y ha sido realizada por el equipo canadiense de Cubeworks con 4050 cubos:

 
Y yo que no puedo resolver más de dos caras si no es con instrucciones…

Toc toc

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Toc Toc, en el Teatro Príncipe

Toc Toc, en el Teatro Príncipe

Toc Toc es una obra de teatro en la que seis pacientes con distintos trastornos obsesivo-compulsivos (TOCs) coinciden en la sala de espera de la consulta de un psiquiatra. Adaptada de la obra francesa de Laurent Baffie, resulta una comedia ligera, de hora y media de duración, divertida y recomendable para ver entre semana cuando las entradas cuestan menos de 15€ (aunque me parece que del entresuelo sólo debe ver bien desde la primera fila). En Madrid puede verse en el Teatro Príncipe, en la calle Tres Cruces (al lado del Inpass, ahí en Gran Vía).

El 2% de la población sufre algún tipo de trastorno obsesivo-compulsivo. Yo, por mi parte, tengo un trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo -que no es lo mismo-, manifestado en un perfeccionismo que muchas veces no me permite disfrutar las cosas plenamente. Por ejemplo, la obra empieza con uno de los pacientes (Nicolás Dueñas) soltando tacos, y en seguida nos lo presentan como que tiene síndrome de Tourette. Falso. El trastorno que están presentando es meramente coprolalia. No es que yo sea ningún experto en el tema: a fin de cuentas sólo me he leído una novela, un caso clínico novelado, y la página de la Wikipedia, pero es suficiente para saber que la coprolalia, aunque es un síntoma común entre los muchísimos que presenta un tourettico, no tiene ni por qué darse entre estos pacientes. Y además, es una interrupción involuntaria que no suele encajar ni rimar graciosamente con la conversación…

Pero es que a continuación aparece una chica (Inge Martín) que dice dos veces cada frase de su guión, y lo llaman ecolalia. Falso otra vez. La ecolalia provoca que el afectado repita de manera involuntaria partes del discurso de otra persona (rara vez del suyo), de manera entrecortada, farfullando, y a veces tergiversando fonética y semánticamente las palabras, que es lo que les suele pasar a los afectados de Tourette (sí, lo tienen todo, los pobres. Y los ladridos también son suyos, no de la ecolalia). La ecolalia, frecuente en niños pequeños, es fácil de reprimir en los adultos y por lo general sólo permanece significativa entre los autistas.

El resto de los pacientes tienen trastornos correctos, pero no siempre resultan muy consistentes en sus síntomas, salvo la mujer con misofobia (Gracia Olayo), que teme ensuciarse y entrar en contacto con gérmenes, por lo que coge las cosas a través de un kleenex y corre cada dos por tres al cuarto de baño a lavarse las manos. Los tres pacientes restantes son un hombre con aritmetomanía (Javivi), obsesionado con contar el número de veces que sucede algo o el número de objetos de algún tipo, una mujer que necesita comprobarlo todo múltiples veces (Ana María Barbany) y que además es fervientemente religiosa, y un chico (Daniel Muriel) que no puede pisar las líneas del suelo y además está obsesionado con la simetría.

Directamente, los actores Javivi y Daniel Muriel resultan muy exagerados, y por lo tanto, muy poco creíbles. Parecen una parodia. Además, junto con Ana María Barbany, sólo aparecen afectados a rachas, no muy obsesionados con sus trastornos, y apenas actúan compulsivamente. Y lo que resulta menos verosímil de toda la obra es que los pacientes muestren comportamientos tan limitados y distintos entre sí, cuando por lo general los síntomas de los TOC aparecen entremezclados e, insisto, degeneran en comportamientos mucho más compulsivos. Baste pensar en Jack Nicholson (y no sólo en su personaje en Mejor Imposible): cuando tienes un TOC, se nota bastante que tienes un comportamiento extraño, y afecta a todos los ámbitos de tu vida, no sólo a una faceta. Joer, que el argumento dice que acuden a este psiquiatra como recurso final, recomendados por sus médicos anteriores, porque llevan años lidiando inútilmente con sus TOC y este hombre es el mejor del mundo y su última esperanza…

En fin, lo dicho. Que si uno se limita a ir y disfrutar, se ríe y se lo pasa muy bien. No hay que obsesionarse con los defectos de la obra…

Los domingueros

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Yo siempre bromeaba llamando a The Sunday Drivers “los domingueros”, pero es que me temo que es aposta. ¿Quién se podía imaginar que con cuatro discos cantados en inglés, estando en Spotify, y colaborando en discos con títulos como La Musique de Paris Dernière fueran a ser toledanos? Pues yo lo descubrí en su último concierto en Madrid, cuando después del típico “gracias” de apertura el cantante empezó a contarnos -en perfecto castellano- lo emocionados que estaban porque celebraban su décimo aniversario.

The Sunday Drivers en concierto (Nov 09)

The Sunday Drivers en concierto (Nov 09)

 
Y no fue la única sorpresa. The Sunday Drivers, que tienen un estilo muy de música de anuncio, en directo son una pasada. Compré las entradas conociendo sólo dos canciones suyas, On my mind (Spotify, goEar) y Time, time, time (goEar) (que esta sí que salió en un anuncio), y a sabiendas de que tenían disco nuevo que aún no había oído (mi rutina de este año, vaya, aunque esta vez sí que tocaron mis favoritas).

Y la verdad es que me han encantado, las nuevas, las viejas, y sobre todo, el directo. No es que se vuelvan más cañeros, pero de algún modo suenan mejor, más intensos. Y saben involucrar al público, hacerle cantar, dar palmas y pasárselo bien — y estoy viendo que no hay muchos grupos que lo consigan, ni siquiera de los míticos (quizás algún día hable del concierto de Depeche Mode, pero no tengo nada bueno que decir…). Me sorprendió mucho que apenas paraban entre canción y canción, de modo que los aplausos directamente se convertían en las palmas del siguiente tema. Así que entre eso, y que sus canciones son casi todas cortitas, en algo menos de dos horas de concierto se marcaron fácil más de 25, incluyendo una versión de los Beatles. ¡Si cuando llegaron a los bises –y hubo dos, además– yo ya no sabía qué les faltaba por tocar!

The Sunday Drivers en concierto (Nov 09)

The Sunday Drivers en concierto (Nov 09)

 
Así que muy recomendables, como grupo y para ver en directo. Ah, y los teloneros, Wild Honey, tienen un estilillo que también me gustó bastante. Y además tocan el ukelele, que es algo que siempre suma puntos…

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Written by descatalogado

2009/12/14 at 9:43 am

Zapatos, girasoles y robots multimillonarios

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El otro día estaba recomendando Surely you are joking, Mr. Feynman! cuando descubrí entre sus páginas un par de zapatos de Van Gogh que me traje de Amsterdam hará ya un par de años:

A pair of shoes (1886), Vincent van Gogh

A pair of shoes (1886), Vincent van Gogh

 
Y me he dicho ¡pues vamos a hablar de Van Gogh! Pero como a mí el impresionismo y en general todo el arte moderno me cuesta apreciarlo (el porcentaje que me parece una puta mierda sobrepasa con creces el que me gusta), pues tampoco tenía mucho que contar, así que he optado por recurrir a los girasoles de Arles, de los que sabía que había 6 y yo ya he visto dos.

Realmente eran siete, y gracias a la Wikipedia he descubierto también por qué me parecían todos iguales: se trata de cuatro versiones iniciales (agosto de 1888) y de tres repeticiones (enero de 1889):

Zonnebloemen, primera versión (1888), Van Gogh Zonnebloemen, segunda versión (1888), Van Gogh Zonnebloemen, tercera versión (1888), Van Gogh Zonnebloemen, cuarta versión (1888), Van Gogh

Zonnebloemen (Girasoles), versiones 1-4 (1888), Van Gogh

Zonnebloemen, primera repetición (1889), Van Gogh Zonnebloemen, segunda repetición (1889), Van Gogh Zonnebloemen, tercera repetición (1889), Van Gogh

Zonnebloemen (Girasoles), repeticiones 1-3 (1889), Van Gogh

 
La segunda versión fue destruida en un incendio durante la Segunda Guerra Mundial, y por eso ya sólo son seis. La primera versión pertenece a una colección privada en EE.UU. La tercera está en la Neue Pinakothek de Munich, y la cuarta en la National Gallery de Londres (sile). La primera repetición está en el Museo de Arte de Philadelphia; la segunda, en el Museo Van Gogh de Amsterdam (sile); y la tercera en el Museo Sompo de Arte de Tokio. Ahora ya sabéis a dónde tendríais que viajar para completar la colección – aunque con ver dos, está todo prácticamente dicho…

Como anécdota graciosa, decir que, si parece que Magritte tenía problemas para pintar caras en sus cuadros, Van Gogh los debía de tener para contar las flores de los suyos, porque los 12 y 14 girasoles que anuncia en las versiones tercera y cuarta son en verdad 15 y 16, respectivamente.

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There is no spoon

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Nada menos que diez años del estreno de Matrix, una película que inmediatamente se convirtió en un icono, y que (al escribir esta entrada) está en el Top 25 de IMDb. Además de dar lugar a parodias de todo tipo (la última escena del trailer de Thes Madrix me marcó), Matrix y sus efectos especiales de tiempo de bala fueron imitados en todas partes, desde Shrek (2001) a la ya mítica partida de ping pong que se marcaron estos japoneses:

 
Con motivo del aniversario han surgido nuevos homenajes. Este primero muestra cómo hubiera sido Matrix en la época del cine mudo, a cargo del grupo ruso Bolshaya Raznitsa. Genial el momento de las pastillas rojas y azules:

 
El segundo es una recreación en stop-motion con piezas de Lego. El minuto y medio de metraje ha supuesto 440 horas de trabajo a la gente de LegoMatrix:

 
En fin, una lástima que nunca hicieran secuelas de la película…

Matrix Revisited, XKCD

Matrix Revisited, XKCD
(Pulsar para ver la tira completa)

Written by descatalogado

2009/12/10 at 9:42 am

The Book of Ultimate Truths

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El anterior libro que me había leído de Robert Rankin me llamó desde los estantes de la biblioteca por su título: Nostradamus Ate my Hamster. No se debe juzgar un libro por su portada (todos los libros ingleses tienen portadas horribles) ni por su título, ya que nunca se sabe detrás de cuál te vas a encontrar una historia en la que Hitler tiene un par de ovnis con los que viaja en el tiempo. Así que cuando estuve en Londres este verano y vi libros de Robert Rankin en un mercadillo, me compré un par.

The Book of Ultimate Truths tiene algunos puntos muy buenos, no lo voy a negar, pero el desarrollo de la historia es una porquería. El escaso argumento plantea que en el mundo hay unas zonas prohibidas (que los taxistas se ven obligados a rodear, y por eso te dan siempre tantas vueltas y te cobran tanto en cada viaje), que es a donde van a parar todos los bolígrafos, paraguas y destornilladores que se pierden (algo así como la cuarta dimensión de los calcetines de la lavadora del señor Floppy). Y su localización está en un manuscrito que una banda de demonios terroristas escoceses también quiere conseguir, dado que en él se explican otros grandes misterios como el de por qué al desmontar y volver a montar cualquier aparato electrónico siempre sobran tornillos.

Aun así, hay algunas situaciones completamente absurdas que me recuerdan a Tom Sharpe o Terry Pratchett (porque no conozco muchos más) que me han encantado:

‘All Scotsmen are called Jimmy.’ The Campbell straightened his tam. ‘Everyone knows that. It’s a tradition or an old charter or something.’
‘I thought all Scotsmen were called Jock.’
‘Och away. That’s Irishmen.’
‘Irishmen are called Mick and Londoners are called John.’
‘Jack,’ said the taxi driver. ‘Londoners are called Jack. Or at least Jack London was. Call of the Wild.’
‘Wilde was called Oscar,’ said the Campbell.
‘Jack Nicholson won an Oscar,’ said the taxi driver. ‘And he is called Jack. But I think he’s an American. I wonder what the rest of them are called.’
‘Bastards,’ said the Campbell.

Siguiendo con los nombres, llegan a un monasterio donde los monjes han renunciado al suyo en favor de un número:

Hamish ceased his marching and waggled his pistol at the nearest monk. ‘How many of you should there be?’ he demanded to know.
Brother Five grinned at the gunman. ‘Twenty-three,’ said he.
‘And how many are here?’ Hamish wasn’t much of a numbers man when he ran out of fingers.
Brother Five did countings up. ‘Twenty-one,’ he announced.
‘Then there’s,’ Hamish set about the substraction, ‘two missing.’
‘I’m not missing.’ Brother Two raised a hand upon a finely muscled arm. ‘I’m here.’
‘What?’ Hamish hastened in his direction. ‘What did you say?’
‘I’m Two,’ said Two.
‘Don’t get funny with me, laddie.’ Hamish made a menacing expression.
‘No, no.’ Brother Five rose to Brother Two’s defence. ‘Two is quite correct.’
‘Two, yes, two.’ Hamish glared.
‘Yes, Two. It’s Six that’s missing.’
‘Six? What do you mean six? You said two.’
‘And Eight,’ added a muscular monk. ‘Eight isn’t here either.’
‘Who said that?’ Hamish swung around.
‘Seven.’ Brother Seven put up his hand.
‘Seven? You just said eight.’
‘Six and Eight,’ said Brother Two and all the monks began to nod in agreement. Six and Eight it was.
‘Six and Eight. That makes… that makes…’ Hamish worried at his fingers. ‘That makes fifteen.’
‘Fourteen,’ Brother Two corrected him. ‘Fourteen!
‘Does somebody want me?’ Asked Brother Fourteen. ‘You’ll have to speak up if you do. I’m a bit deaf.’

Y, en fin:

‘Bit like riding a bike really. Once you’ve tried it without the saddle you never forget how the bell works.’

 
Luego juega también con otras ideas que están bien, pero adopta un tono un tanto pedante que entorpece la lectura. Iba a copiar unos fragmentos sobre la apatía y el tiempo, pero paso. En conlusión: bastante irregular, sólo para situaciones de exceso de ociosidad. A ver cuándo recupero las ganas para leerme el otro…