Mejor, hablemos del tiempo

porque como me tires de la lengua…

Archive for the ‘humor’ Category

Toc toc

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Toc Toc, en el Teatro Príncipe

Toc Toc, en el Teatro Príncipe

Toc Toc es una obra de teatro en la que seis pacientes con distintos trastornos obsesivo-compulsivos (TOCs) coinciden en la sala de espera de la consulta de un psiquiatra. Adaptada de la obra francesa de Laurent Baffie, resulta una comedia ligera, de hora y media de duración, divertida y recomendable para ver entre semana cuando las entradas cuestan menos de 15€ (aunque me parece que del entresuelo sólo debe ver bien desde la primera fila). En Madrid puede verse en el Teatro Príncipe, en la calle Tres Cruces (al lado del Inpass, ahí en Gran Vía).

El 2% de la población sufre algún tipo de trastorno obsesivo-compulsivo. Yo, por mi parte, tengo un trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo -que no es lo mismo-, manifestado en un perfeccionismo que muchas veces no me permite disfrutar las cosas plenamente. Por ejemplo, la obra empieza con uno de los pacientes (Nicolás Dueñas) soltando tacos, y en seguida nos lo presentan como que tiene síndrome de Tourette. Falso. El trastorno que están presentando es meramente coprolalia. No es que yo sea ningún experto en el tema: a fin de cuentas sólo me he leído una novela, un caso clínico novelado, y la página de la Wikipedia, pero es suficiente para saber que la coprolalia, aunque es un síntoma común entre los muchísimos que presenta un tourettico, no tiene ni por qué darse entre estos pacientes. Y además, es una interrupción involuntaria que no suele encajar ni rimar graciosamente con la conversación…

Pero es que a continuación aparece una chica (Inge Martín) que dice dos veces cada frase de su guión, y lo llaman ecolalia. Falso otra vez. La ecolalia provoca que el afectado repita de manera involuntaria partes del discurso de otra persona (rara vez del suyo), de manera entrecortada, farfullando, y a veces tergiversando fonética y semánticamente las palabras, que es lo que les suele pasar a los afectados de Tourette (sí, lo tienen todo, los pobres. Y los ladridos también son suyos, no de la ecolalia). La ecolalia, frecuente en niños pequeños, es fácil de reprimir en los adultos y por lo general sólo permanece significativa entre los autistas.

El resto de los pacientes tienen trastornos correctos, pero no siempre resultan muy consistentes en sus síntomas, salvo la mujer con misofobia (Gracia Olayo), que teme ensuciarse y entrar en contacto con gérmenes, por lo que coge las cosas a través de un kleenex y corre cada dos por tres al cuarto de baño a lavarse las manos. Los tres pacientes restantes son un hombre con aritmetomanía (Javivi), obsesionado con contar el número de veces que sucede algo o el número de objetos de algún tipo, una mujer que necesita comprobarlo todo múltiples veces (Ana María Barbany) y que además es fervientemente religiosa, y un chico (Daniel Muriel) que no puede pisar las líneas del suelo y además está obsesionado con la simetría.

Directamente, los actores Javivi y Daniel Muriel resultan muy exagerados, y por lo tanto, muy poco creíbles. Parecen una parodia. Además, junto con Ana María Barbany, sólo aparecen afectados a rachas, no muy obsesionados con sus trastornos, y apenas actúan compulsivamente. Y lo que resulta menos verosímil de toda la obra es que los pacientes muestren comportamientos tan limitados y distintos entre sí, cuando por lo general los síntomas de los TOC aparecen entremezclados e, insisto, degeneran en comportamientos mucho más compulsivos. Baste pensar en Jack Nicholson (y no sólo en su personaje en Mejor Imposible): cuando tienes un TOC, se nota bastante que tienes un comportamiento extraño, y afecta a todos los ámbitos de tu vida, no sólo a una faceta. Joer, que el argumento dice que acuden a este psiquiatra como recurso final, recomendados por sus médicos anteriores, porque llevan años lidiando inútilmente con sus TOC y este hombre es el mejor del mundo y su última esperanza…

En fin, lo dicho. Que si uno se limita a ir y disfrutar, se ríe y se lo pasa muy bien. No hay que obsesionarse con los defectos de la obra…

Zapatos, girasoles y robots multimillonarios

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El otro día estaba recomendando Surely you are joking, Mr. Feynman! cuando descubrí entre sus páginas un par de zapatos de Van Gogh que me traje de Amsterdam hará ya un par de años:

A pair of shoes (1886), Vincent van Gogh

A pair of shoes (1886), Vincent van Gogh

 
Y me he dicho ¡pues vamos a hablar de Van Gogh! Pero como a mí el impresionismo y en general todo el arte moderno me cuesta apreciarlo (el porcentaje que me parece una puta mierda sobrepasa con creces el que me gusta), pues tampoco tenía mucho que contar, así que he optado por recurrir a los girasoles de Arles, de los que sabía que había 6 y yo ya he visto dos.

Realmente eran siete, y gracias a la Wikipedia he descubierto también por qué me parecían todos iguales: se trata de cuatro versiones iniciales (agosto de 1888) y de tres repeticiones (enero de 1889):

Zonnebloemen, primera versión (1888), Van Gogh Zonnebloemen, segunda versión (1888), Van Gogh Zonnebloemen, tercera versión (1888), Van Gogh Zonnebloemen, cuarta versión (1888), Van Gogh

Zonnebloemen (Girasoles), versiones 1-4 (1888), Van Gogh

Zonnebloemen, primera repetición (1889), Van Gogh Zonnebloemen, segunda repetición (1889), Van Gogh Zonnebloemen, tercera repetición (1889), Van Gogh

Zonnebloemen (Girasoles), repeticiones 1-3 (1889), Van Gogh

 
La segunda versión fue destruida en un incendio durante la Segunda Guerra Mundial, y por eso ya sólo son seis. La primera versión pertenece a una colección privada en EE.UU. La tercera está en la Neue Pinakothek de Munich, y la cuarta en la National Gallery de Londres (sile). La primera repetición está en el Museo de Arte de Philadelphia; la segunda, en el Museo Van Gogh de Amsterdam (sile); y la tercera en el Museo Sompo de Arte de Tokio. Ahora ya sabéis a dónde tendríais que viajar para completar la colección – aunque con ver dos, está todo prácticamente dicho…

Como anécdota graciosa, decir que, si parece que Magritte tenía problemas para pintar caras en sus cuadros, Van Gogh los debía de tener para contar las flores de los suyos, porque los 12 y 14 girasoles que anuncia en las versiones tercera y cuarta son en verdad 15 y 16, respectivamente.

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There is no spoon

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Nada menos que diez años del estreno de Matrix, una película que inmediatamente se convirtió en un icono, y que (al escribir esta entrada) está en el Top 25 de IMDb. Además de dar lugar a parodias de todo tipo (la última escena del trailer de Thes Madrix me marcó), Matrix y sus efectos especiales de tiempo de bala fueron imitados en todas partes, desde Shrek (2001) a la ya mítica partida de ping pong que se marcaron estos japoneses:

 
Con motivo del aniversario han surgido nuevos homenajes. Este primero muestra cómo hubiera sido Matrix en la época del cine mudo, a cargo del grupo ruso Bolshaya Raznitsa. Genial el momento de las pastillas rojas y azules:

 
El segundo es una recreación en stop-motion con piezas de Lego. El minuto y medio de metraje ha supuesto 440 horas de trabajo a la gente de LegoMatrix:

 
En fin, una lástima que nunca hicieran secuelas de la película…

Matrix Revisited, XKCD

Matrix Revisited, XKCD
(Pulsar para ver la tira completa)

Written by descatalogado

2009/12/10 at 9:42 am

The Book of Ultimate Truths

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El anterior libro que me había leído de Robert Rankin me llamó desde los estantes de la biblioteca por su título: Nostradamus Ate my Hamster. No se debe juzgar un libro por su portada (todos los libros ingleses tienen portadas horribles) ni por su título, ya que nunca se sabe detrás de cuál te vas a encontrar una historia en la que Hitler tiene un par de ovnis con los que viaja en el tiempo. Así que cuando estuve en Londres este verano y vi libros de Robert Rankin en un mercadillo, me compré un par.

The Book of Ultimate Truths tiene algunos puntos muy buenos, no lo voy a negar, pero el desarrollo de la historia es una porquería. El escaso argumento plantea que en el mundo hay unas zonas prohibidas (que los taxistas se ven obligados a rodear, y por eso te dan siempre tantas vueltas y te cobran tanto en cada viaje), que es a donde van a parar todos los bolígrafos, paraguas y destornilladores que se pierden (algo así como la cuarta dimensión de los calcetines de la lavadora del señor Floppy). Y su localización está en un manuscrito que una banda de demonios terroristas escoceses también quiere conseguir, dado que en él se explican otros grandes misterios como el de por qué al desmontar y volver a montar cualquier aparato electrónico siempre sobran tornillos.

Aun así, hay algunas situaciones completamente absurdas que me recuerdan a Tom Sharpe o Terry Pratchett (porque no conozco muchos más) que me han encantado:

‘All Scotsmen are called Jimmy.’ The Campbell straightened his tam. ‘Everyone knows that. It’s a tradition or an old charter or something.’
‘I thought all Scotsmen were called Jock.’
‘Och away. That’s Irishmen.’
‘Irishmen are called Mick and Londoners are called John.’
‘Jack,’ said the taxi driver. ‘Londoners are called Jack. Or at least Jack London was. Call of the Wild.’
‘Wilde was called Oscar,’ said the Campbell.
‘Jack Nicholson won an Oscar,’ said the taxi driver. ‘And he is called Jack. But I think he’s an American. I wonder what the rest of them are called.’
‘Bastards,’ said the Campbell.

Siguiendo con los nombres, llegan a un monasterio donde los monjes han renunciado al suyo en favor de un número:

Hamish ceased his marching and waggled his pistol at the nearest monk. ‘How many of you should there be?’ he demanded to know.
Brother Five grinned at the gunman. ‘Twenty-three,’ said he.
‘And how many are here?’ Hamish wasn’t much of a numbers man when he ran out of fingers.
Brother Five did countings up. ‘Twenty-one,’ he announced.
‘Then there’s,’ Hamish set about the substraction, ‘two missing.’
‘I’m not missing.’ Brother Two raised a hand upon a finely muscled arm. ‘I’m here.’
‘What?’ Hamish hastened in his direction. ‘What did you say?’
‘I’m Two,’ said Two.
‘Don’t get funny with me, laddie.’ Hamish made a menacing expression.
‘No, no.’ Brother Five rose to Brother Two’s defence. ‘Two is quite correct.’
‘Two, yes, two.’ Hamish glared.
‘Yes, Two. It’s Six that’s missing.’
‘Six? What do you mean six? You said two.’
‘And Eight,’ added a muscular monk. ‘Eight isn’t here either.’
‘Who said that?’ Hamish swung around.
‘Seven.’ Brother Seven put up his hand.
‘Seven? You just said eight.’
‘Six and Eight,’ said Brother Two and all the monks began to nod in agreement. Six and Eight it was.
‘Six and Eight. That makes… that makes…’ Hamish worried at his fingers. ‘That makes fifteen.’
‘Fourteen,’ Brother Two corrected him. ‘Fourteen!
‘Does somebody want me?’ Asked Brother Fourteen. ‘You’ll have to speak up if you do. I’m a bit deaf.’

Y, en fin:

‘Bit like riding a bike really. Once you’ve tried it without the saddle you never forget how the bell works.’

 
Luego juega también con otras ideas que están bien, pero adopta un tono un tanto pedante que entorpece la lectura. Iba a copiar unos fragmentos sobre la apatía y el tiempo, pero paso. En conlusión: bastante irregular, sólo para situaciones de exceso de ociosidad. A ver cuándo recupero las ganas para leerme el otro…

El hombre que odiaba a los violonchelistas

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Todo el mundo conoce a Johann Pachelbel, compositor alemán de finales del siglo XVII, o al menos a su Canon:

Canon de Pachelbel (Humor tonto para gente inteligente)

Canon de Pachelbel
(Humor tonto para gente inteligente)

 
El canon se hizo universal e inmensamente popular a partir de los 70, cuando se recuperó del olvido junto con otras tantas piezas barrocas. No obstante, hay quien afirma que, a pesar de la belleza del canon, está claro que Pachelbel lo compuso derrochando odio hacia los violonchelistas. O al menos esto es lo que afirma el músico-monologuista Rob Paravonian, a quien la obra no le hace demasiada gracia. Pero bueno, ¿cuál es la probabilidad de que te topes con el Canon de Pachelbel en tu día a día? Pues parece ser que una muy alta:

 
¿Pero entonces todas las canciones pop están basadas en el Canon de Pachelbel? Oh, no. Todas no. Sólo la mitad. La otra mitad están basadas en los cuatro acordes mágicos:

Alteraciones literales

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Ya no recuerdo qué enlace del Google Reader me llevó hasta la página Humor tonto para gente inteligente, de Eduard Fortuny, pero sus juegos de palabras gráficos, al más puro estilo de Transgordo, me encantaron desde el primer momento:

Groucho Marge
Ceboya
Bataman
Leopardillo
La patera rosa
Monjattan
Los tres mosquetones
Mudanza
Bombilla
Amadeo de Cebolla
Robopop

Humor tonto para gente inteligente

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Written by descatalogado

2009/10/20 at 9:44 am

We’re in the business of killin’ Nazis, and boy, business is boomin’.

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Estoy hasta las narices de los nazis y los judíos. Hace un par de veranos me leí The Book Thief porque el título prometía (aunque luego el libro es un poco flojito), y según vi cuál era el marco de la historia estuve a puntito de devolverlo a la biblioteca. Y me niego a leer o ver El niño del pijama de rayas ni ninguna otra cosa relacionada con el tema, porque me tienen frito:

Wulff Morgenthaler, 2009-09-07
(Y como dijo Nushh: “Si funciona en la política internacional…”)
 

Wulff Morgenthaler, 2009-09-07

 
No he visto El Pianista ni Munich ni El Hundimiento (salvo cuando Hitler protesta sobre la peli de Bola de Dragón), y la única historia que me ha molado desde la saturación es la de Nostradamus ate my hamster, de Robert Rankin, donde Hitler construye un platillo volante y viaja en el tiempo. Así que cuando me enteré de que la peli de Tarantino para la que había sacado entradas iba de “matar nazis”, no supe muy bien a qué atenerme. Pero me ha encantado. Inglourious Basterds está muy bien, y tiene puntos hilarantes.

¡Spoilers!
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