Mejor, hablemos del tiempo

porque como me tires de la lengua…

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Chaos at the train station

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Chaos at the Train Station (art by Iván MaGo)

Chaos at the Train Station
(art by Iván MaGo)


Andrew y Mónica quieren ir a Charlestown, a celebrar el sexagésimo cumpleaños del padre de él, pero el tren lleva 45 minutos de retraso. Mientras esperan empiezan a discutir, la situación se pone tensa y…

Si quieres que Andrew y Monica sigan juntos, muestra el lado blanco de la cartulina. Si por el contrario prefieres que se separen, muestra el lado negro.

Chaos at the train station es una obra de teatro formato Elige tu propia aventura que se ha currado Schuyler Hedstrom (que además participa como actor), y que pude ver el viernes pasado en la sala La Madrilera. A medida que transcurre la obra el público tiene que tomar la decisión de cómo continuarla, pudiendo llegar a 16 finales diferentes.

A veces es difícil elegir, ya que las dos opciones suenan prometedoras: ¿la chica pierde los nervios y paga las consecuencias, o el revisor les da nuevos billetes pero con unas condiciones muy especiales? Quizás por ese motivo al acabar la obra la comienzan de nuevo, para que se puedan ver otras líneas argumentales. Y como el comienzo ya nos lo sabemos, lo pasan a cámara rápida: absolutamente genial. ¡Y hacen un bis con un final más!

Además de ser una obra muy divertida y original, quizás lo que más me haya gustado es que se representara también en inglés según la función, ya que el reparto es de lo más internacional. Mola ver gente que se atreve a subirse a un escenario y actuar en un idioma que no es el suyo. Me gustaría haber visto también la versión inglesa para comparar y ver sufrir a los españoles; a ver si sacan más fechas…

Actualización: va a haber una representación más: sábado 24, 21:00, en castellano. ¡No os la perdáis!

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Written by descatalogado

2010/04/22 at 5:48 pm

Bohemian Rhapsody

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Durante mucho tiempo Bohemian Rhapsody de Queen [goEar] [Spotify] me parecía una canción rara, con trozos que me gustaban y partes que se daban de leches entre sí. Ahora me lo sigue pareciendo, pero me encanta. Imagino que el punto de inflexión fue cuando estuve el verano de 2009 en Londres y fui a ver el musical de We Will Rock You (porque verlo en España para que me traduzcan las canciones “lo quiero tó, lo quiero tó”, como que no).

We Will Rock You

We Will Rock You

La trama del musical es una castaña muy grande, y hay unas cuantas gracias y referencias que te pierdes (aunque me sigo partiendo con Scary Bush o con que Britney Spears muriera para salvar la música), pero estar ahí rodeado de gente cantando las canciones de Queen consigue emocionarte de verdad. Durante toda la obra van haciendo referencias y menciones a Bohemian Rhapsody, haciendo que el público espere constantemente que sea la siguiente canción – pero nunca lo es. De hecho, el musical acaba sin que la canten. Y es después de los aplausos cuando proyectan en letras enormes un “¿Queréis que cantemos Bohemian Rhapsody ?” y la gente grita un “Síii”, y se entra en la mecánica del “¡Pues tendréis que gritarlo más alto¡” y la gente ruge y cuando por fin los ánimos están bien exaltados, entonces salen y cantan y el público acompaña, y la canción se aprecia y disfruta como nunca: [Spotify]. (Por cierto, me encanta el vozarrón de la mala).
 

Y es que Bohemian Rhapsody marcó un hito en la historia de la música en 1975. Dada su extraña estructura (¡sin estribillo, ignominioso para la época!) y su larga duración (5:55), los productores dijeron que jamás tendría éxito. Pero Queen consiguió que sonara por la radio, y la canción se convirtió en número 1 durante 9 semanas seguidas. Fue el single más caro de la historia, y el que consiguió asentar para siempre los videos musicales. Los intentos de explicar el sentido de la canción son múltiples y variopintos, y sin duda merece la pena echarle un vistazo a su análisis. Aunque quizás lo más impresionante es el despliegue de ingenio que tuvieron que utilizar para superar algunas de las limitaciones técnicas de la época. Así, en la sección de “ópera”, para crear el muro de sonido que comprende desde los bajos de Brian May a los agudos de Roger Taylor en los “coros”, los vocalistas estuvieron tres semanas grabándose entre 10 y 12 horas diarias hasta conseguir una superposición de 180 niveles. Ni que decir tiene que todo este proceso les impidió después tocar la canción entera en directo, teniendo que llegar hasta a reproducir partes desde una cinta…

Como toda obra famosa, la canción más emblemática de Queen cuenta con un sinfín de versiones. Empiezo por un tremendo vídeo de Los Teleñecos, donde, además del genial chiste con el que cierran, destacan especialmente los agudos de Beaker:

 
Sin embargo, mi versión favorita hasta el momento es un directo (en Berlín) de The Ten Tenors [Spotify], en el que se marcan un homenaje glorioso a ABBA en el minuto 3:46 cuando empieza el “Mamma mia let me go” y ellos meten un par de estrofas de Mamma mia [goEar] [Spotify], que rematan con un “I could never let you go” original de los suecos. Sublime. A ver si en esta línea alguien se atreve a meterle mano al final de la canción con el “Nothing really matters, love is all we need” de Madonna…

Para acabar, decir que aunque no todas las versiones son buenas, siempre las hay que aportan un nuevo punto de vista, como es la de -atención- Rhythms del Mundo featuring Augusto Enríquez: [Spotify]. Ahí es nada.

Toc toc

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Toc Toc, en el Teatro Príncipe

Toc Toc, en el Teatro Príncipe

Toc Toc es una obra de teatro en la que seis pacientes con distintos trastornos obsesivo-compulsivos (TOCs) coinciden en la sala de espera de la consulta de un psiquiatra. Adaptada de la obra francesa de Laurent Baffie, resulta una comedia ligera, de hora y media de duración, divertida y recomendable para ver entre semana cuando las entradas cuestan menos de 15€ (aunque me parece que del entresuelo sólo debe ver bien desde la primera fila). En Madrid puede verse en el Teatro Príncipe, en la calle Tres Cruces (al lado del Inpass, ahí en Gran Vía).

El 2% de la población sufre algún tipo de trastorno obsesivo-compulsivo. Yo, por mi parte, tengo un trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo -que no es lo mismo-, manifestado en un perfeccionismo que muchas veces no me permite disfrutar las cosas plenamente. Por ejemplo, la obra empieza con uno de los pacientes (Nicolás Dueñas) soltando tacos, y en seguida nos lo presentan como que tiene síndrome de Tourette. Falso. El trastorno que están presentando es meramente coprolalia. No es que yo sea ningún experto en el tema: a fin de cuentas sólo me he leído una novela, un caso clínico novelado, y la página de la Wikipedia, pero es suficiente para saber que la coprolalia, aunque es un síntoma común entre los muchísimos que presenta un tourettico, no tiene ni por qué darse entre estos pacientes. Y además, es una interrupción involuntaria que no suele encajar ni rimar graciosamente con la conversación…

Pero es que a continuación aparece una chica (Inge Martín) que dice dos veces cada frase de su guión, y lo llaman ecolalia. Falso otra vez. La ecolalia provoca que el afectado repita de manera involuntaria partes del discurso de otra persona (rara vez del suyo), de manera entrecortada, farfullando, y a veces tergiversando fonética y semánticamente las palabras, que es lo que les suele pasar a los afectados de Tourette (sí, lo tienen todo, los pobres. Y los ladridos también son suyos, no de la ecolalia). La ecolalia, frecuente en niños pequeños, es fácil de reprimir en los adultos y por lo general sólo permanece significativa entre los autistas.

El resto de los pacientes tienen trastornos correctos, pero no siempre resultan muy consistentes en sus síntomas, salvo la mujer con misofobia (Gracia Olayo), que teme ensuciarse y entrar en contacto con gérmenes, por lo que coge las cosas a través de un kleenex y corre cada dos por tres al cuarto de baño a lavarse las manos. Los tres pacientes restantes son un hombre con aritmetomanía (Javivi), obsesionado con contar el número de veces que sucede algo o el número de objetos de algún tipo, una mujer que necesita comprobarlo todo múltiples veces (Ana María Barbany) y que además es fervientemente religiosa, y un chico (Daniel Muriel) que no puede pisar las líneas del suelo y además está obsesionado con la simetría.

Directamente, los actores Javivi y Daniel Muriel resultan muy exagerados, y por lo tanto, muy poco creíbles. Parecen una parodia. Además, junto con Ana María Barbany, sólo aparecen afectados a rachas, no muy obsesionados con sus trastornos, y apenas actúan compulsivamente. Y lo que resulta menos verosímil de toda la obra es que los pacientes muestren comportamientos tan limitados y distintos entre sí, cuando por lo general los síntomas de los TOC aparecen entremezclados e, insisto, degeneran en comportamientos mucho más compulsivos. Baste pensar en Jack Nicholson (y no sólo en su personaje en Mejor Imposible): cuando tienes un TOC, se nota bastante que tienes un comportamiento extraño, y afecta a todos los ámbitos de tu vida, no sólo a una faceta. Joer, que el argumento dice que acuden a este psiquiatra como recurso final, recomendados por sus médicos anteriores, porque llevan años lidiando inútilmente con sus TOC y este hombre es el mejor del mundo y su última esperanza…

En fin, lo dicho. Que si uno se limita a ir y disfrutar, se ríe y se lo pasa muy bien. No hay que obsesionarse con los defectos de la obra…