Mejor, hablemos del tiempo

porque como me tires de la lengua…

Archive for marzo 2010

La patada en el dardo

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El asunto no es de broma: licenciados universitarios desconocen qué significan golpe bajo, rabo entre piernas, manga ancha o francotirador. Insisto en lo de licenciados universitarios; y, además, con oficio de hablar o escribir retribuido. La instrucción pública ha sufrido tantos ataques reformadores que es hoy mustio collado. En esto sí: o revolución o muerte.

Así termina Fernando Lázaro Carreter uno de sus Dardos, “articulillos satíricos, plenos de humor e ironía, que intentaban atajar las pifias verbales difundidas velozmente, y con notable éxito, por los medios de comunicación”. Es una auténtica delicia leer a este hombre, tanto por su impresionante dominio del lenguaje -y el buen uso que hace de él- como por lo mucho que se aprende del origen de multitud de palabras y expresiones. Por el contrario, es una lástima que tanta maestría lingüística tenga que verse aplicada a delatar los dislates, a menudo tremebundos, cometidos por personas que precisamente deberían vigilar el uso correcto de la lengua: periodistas, locutores, políticos, jueces…

El nuevo dardo en la palabra forma parte de la bibliografía recomendada de una de las asignaturas del nuevo Grado de Lengua y Literatura Españolas de la UNED – nuevo Grado de Bolonia que sustituye a la antigua carrera de Filología Hispánica, y en el que ha desaparecido la enseñanza del latín, que queda relegado a una mera optativa de último curso. Partiendo de semejante ignominia, que no nos extrañe luego que la gente rebuzne.

Lázaro Carreter cuenta en el prólogo que hasta el siglo XVI no se asienta la lengua española lo suficiente como para que sus hablantes empiecen a advertir la presencia de términos extranjeros que vienen a sustituir a los propios. Así, Juan de Valdés asegura en su libro Diálogo de la lengua (1535) que:

el uso nos ha hecho tener por mejores los [vocablos] arábigos que los latinos; y es aquí que decimos antes alhombra que tapete, y tenemos por mejor vocablo azeite que olio.

Por tanto, además de para designar nuevos referentes importados de otras culturas que no disponían de término propio en la nuestra, el uso de neologismos y extranjerismos empieza a aplicarse porque, sin causa aparente, estos “suenan mejor”:

el negocio está en saber si querríades introducir estos por ornamento de la lengua o por necesidad que tenga de ellos.

En cualquier caso los dardos no apuntan contra los neologismos de una manera puritana: lo que buscan es denunciar las tropelías de la voz pública, cometidas bien por falta de instrucción o bien por falta de atención o de sentido común (¿por qué si siempre hablamos del día siguiente, se dice la píldora del día después?). Porque mientras en el siglo XVI la propagación de palabros y giros incorrectos era muy lenta, hoy la prensa, la radio, la televisión e Internet se encargan de difundirlos de forma masiva e instantánea – y, proviniendo de personas que se ganan la vida con la palabra y a las que se les otorga autoridad en el lenguaje, se asientan y calan mucho más hondo. Y de esta manera se están perdiendo distinciones importantes, como entre oír y escuchar, se reduce nuestro vocabulario activo por emplear siempre los mismos términos, se desgastan las expresiones hasta convertirlas en tópicos, y se difunden los vulgarismos y los errores inexcusables.

Un ejemplo tremebundo de traducción, que a nadie parece chirriarle: el mundo de la I+D se está llenando de unas curiosas llamadas que hace la Comisión Europea en sus convocatorias de proyectos (en inglés: call). Se ve que los miembros del CDTI y de las plataformas tecnológicas españolas, dirigidas por Telefónica (que según su logo no lleva tilde), Atos Origin, o la UPM, son tan importantes que reciben un telefonazo de la propia Viviane Reding cada vez que se abre un nuevo plazo. O a lo peor lo que les llega es una instancia a presentarse en avalancha a todos los proyectos, sea cual sea su temática, como si de un llamamiento a las armas se tratara…

Poca gente queda que siga la labor de Fernando Lázaro Carreter. Está el blog Patada al Diccionario, y personas que de vez en cuando le dedican alguna entrada al tema. Recientemente he llegado hasta el blog Switch off and let’s go, centrado en errores de traducción y doblaje, y la trascendencia de estos en el lenguaje cotidiano. Sin embargo, hay una triste realidad que expone muy bien su autora: que los que nos interesamos por esto somos precisamente los que no necesitamos preocuparnos por ello. Ojalá todo el mundo ante cualquier inquietud o duda acudiera presto a consultar algunos de los diccionarios maravillosos de que dispone la lengua española, como el diccionario de la RAE y el panhispánico de dudas.

En fin. Para que no me mate la úlcera, concluyo mejor con una de esas notas geniales del libro:

¿Por qué, se preguntaba [el comediógrafo Adolfo Torrado], el bombín es cosa de mayor tamaño que el bombón ?; hay que permutar ambos nombres. La misma falta de racionalidad afecta según él a polvorín y polvorón, a botín y botón… Dejaba sin pareja al cojín, por la censura tal vez, pero quizá, por fanfarronería.

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Bohemian Rhapsody

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Durante mucho tiempo Bohemian Rhapsody de Queen [goEar] [Spotify] me parecía una canción rara, con trozos que me gustaban y partes que se daban de leches entre sí. Ahora me lo sigue pareciendo, pero me encanta. Imagino que el punto de inflexión fue cuando estuve el verano de 2009 en Londres y fui a ver el musical de We Will Rock You (porque verlo en España para que me traduzcan las canciones “lo quiero tó, lo quiero tó”, como que no).

We Will Rock You

We Will Rock You

La trama del musical es una castaña muy grande, y hay unas cuantas gracias y referencias que te pierdes (aunque me sigo partiendo con Scary Bush o con que Britney Spears muriera para salvar la música), pero estar ahí rodeado de gente cantando las canciones de Queen consigue emocionarte de verdad. Durante toda la obra van haciendo referencias y menciones a Bohemian Rhapsody, haciendo que el público espere constantemente que sea la siguiente canción – pero nunca lo es. De hecho, el musical acaba sin que la canten. Y es después de los aplausos cuando proyectan en letras enormes un “¿Queréis que cantemos Bohemian Rhapsody ?” y la gente grita un “Síii”, y se entra en la mecánica del “¡Pues tendréis que gritarlo más alto¡” y la gente ruge y cuando por fin los ánimos están bien exaltados, entonces salen y cantan y el público acompaña, y la canción se aprecia y disfruta como nunca: [Spotify]. (Por cierto, me encanta el vozarrón de la mala).
 

Y es que Bohemian Rhapsody marcó un hito en la historia de la música en 1975. Dada su extraña estructura (¡sin estribillo, ignominioso para la época!) y su larga duración (5:55), los productores dijeron que jamás tendría éxito. Pero Queen consiguió que sonara por la radio, y la canción se convirtió en número 1 durante 9 semanas seguidas. Fue el single más caro de la historia, y el que consiguió asentar para siempre los videos musicales. Los intentos de explicar el sentido de la canción son múltiples y variopintos, y sin duda merece la pena echarle un vistazo a su análisis. Aunque quizás lo más impresionante es el despliegue de ingenio que tuvieron que utilizar para superar algunas de las limitaciones técnicas de la época. Así, en la sección de “ópera”, para crear el muro de sonido que comprende desde los bajos de Brian May a los agudos de Roger Taylor en los “coros”, los vocalistas estuvieron tres semanas grabándose entre 10 y 12 horas diarias hasta conseguir una superposición de 180 niveles. Ni que decir tiene que todo este proceso les impidió después tocar la canción entera en directo, teniendo que llegar hasta a reproducir partes desde una cinta…

Como toda obra famosa, la canción más emblemática de Queen cuenta con un sinfín de versiones. Empiezo por un tremendo vídeo de Los Teleñecos, donde, además del genial chiste con el que cierran, destacan especialmente los agudos de Beaker:

 
Sin embargo, mi versión favorita hasta el momento es un directo (en Berlín) de The Ten Tenors [Spotify], en el que se marcan un homenaje glorioso a ABBA en el minuto 3:46 cuando empieza el “Mamma mia let me go” y ellos meten un par de estrofas de Mamma mia [goEar] [Spotify], que rematan con un “I could never let you go” original de los suecos. Sublime. A ver si en esta línea alguien se atreve a meterle mano al final de la canción con el “Nothing really matters, love is all we need” de Madonna…

Para acabar, decir que aunque no todas las versiones son buenas, siempre las hay que aportan un nuevo punto de vista, como es la de -atención- Rhythms del Mundo featuring Augusto Enríquez: [Spotify]. Ahí es nada.