Mejor, hablemos del tiempo

porque como me tires de la lengua…

Eat me alibailey!

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Soy una persona que sólo ha recomendado dos películas en todo el año, así que, cuando recomiendo un libro, hazme caso.

Motherless Brooklyn, de Jonathan Lethem, es una novela de detectives con todos los ingredientes: tenemos un muerto, un caso que se va complicando a medida que intentamos resolverlo, gente que no es quien parece ser, un par de excéntricos mafiosos multimillonarios, una corporación japonesa de mafiosos que hacen Zen, gente que se entera aún menos que nosotros de lo que está pasando, la chica, la otra chica, alguna chica más, persecuciones, peleas, tiros, confesiones y un final donde se aclara todo. Como ya digo, es una novela negra que, de por sí, está bien, pero que tampoco sería como para destacarla especialmente.

Lo que hace increíblemente genial a Motherless Brooklyn es que el protagonista tiene síndrome de Tourette. La primera vez que leí sobre Tourette fue en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks, un compendio de casos clínicos novelados que insisto en que es imprescindible leer, y que, de hecho, figura entre los agradecimientos de la novela de Lethem.

Los afectados de Tourette sufren tics y contracciones, involuntariamente hacen muecas y profieren insultos, o incluso gritos y ladridos. Al bueno de Lionel Essrog, incapaz de decir su nombre (“Liable Guesscog. Final Escrow. Ironic Pissclam. And so on.”), la ecolalia (y a veces coprolalia también) le tienen la cabeza como si fuera una máquina de hacer palomitas: las palabras distorsionadas burbujean en su interior y llega un momento en que los exabruptos explotan desparramándose por todas partes. Pero además sufre
de compulsiones que le llevan a tocar a sus interlocutores y repetir acciones que hayan producido algún ruido particular, todo ello un número determinado de veces, y en su infancia, a besar irremediablemente a los chicos de su orfanato (bastante mala idea).

La verdad, no parecen las características más apropiadas para un detective que intenta pasar desapercibido. Pero el síndrome de Tourette también puede aportar algunas ventajas muy siginificativas a la hora de vigilar y recabar información: cuando están vigilando una casa, el síndrome hace que Lionel se gire automáticamente cada 15 segundos a controlar la puerta, la avenida y los callejones laterales – nada de policías que se pierden justo lo que han ido a observar por estar comiéndose un donut. Y, en las escuchas telefónicas, Lionel se obsesiona con las palabras clave para la investigación, por lo que es imposible que se pierda ningún resquicio de información. Y, en fin, se le da genial darle vueltas en la cabeza a las cosas en busca de cualquier tipo de relación, por absurda que pueda parecer. Pero, sobre todo, quizás el motivo sea uno que no conviene olvidar:

“He said the reason you were useful to him was because you were crazy everyone thought you were stupid.”

No sé cómo de realista llegará a ser la novela con respecto al síndrome, pero como lectura es fantástica. Me encanta cómo Lionel se queda atascado en palabras y frases de especial sonoridad y va jugando con ellas y tergiversándolas hasta que, de pronto, profiere un “Eat me Bailey!” en mitad de la conversación. A partir de ahora, para mí Alfred Hitchcock será ya siempre “Altered Houseclock”. Sería un nombre genial para un grupo de música. Pero quizás uno de los episodios más geniales de todos se produzca con El artista anteriormente conocido como Prince:

Me, I was bluffing, didn’t read magazines at all. Then I spotted a familiar face, on a magazine called Vibe: The Artist Formerly Known as Prince. The unpronounceable typographical glyph with which he had replaced his name was shaved into the hair at his temple.
“Skrubble,” I said.
“What?”
“Plavshk,” I said. My brain had decided to try to pronounce that unpronounceable glyph, a linguistic foray into the lands On Beyond Zebra. I lifted up the magazine.
“You’re telling me you’re gonna read Vibe?”
“Sure.”
“You trying to make fun of me here, Alibi?”
“No, no, I’m a big fan of Skursvshe.”
“Who?”
“The Artist Formerly Known As Plinvstk.”

Lo dicho, una mezcla maravillosa. Como una novela vitoriana con zombis…

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Una respuesta

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  1. […] coprolalia. No es que yo sea ningún experto en el tema: a fin de cuentas sólo me he leído una novela, un caso clínico novelado, y la página de la Wikipedia, pero es suficiente para saber que la […]


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